¿La sexualidad está sobrevaluada?

Hace tiempo que me viene pareciendo que la sexualidad está sobrevaluada.  Ha quedado establecido, desde hace muchos años ya,  que disfrutar de una sexualidad intensa es sinónimo de ser una persona plena, sana, feliz. 
La sexualidad bien desplegada pareciera que nos asegura una no-neurosis, una pareja estable y maravillosa, ser una persona exitosa. 
Esta asociacion de la vida sexual con el éxito se ve de manera mas marcada en los varones, que tienen íntimamente asociada la sexualidad a la fuerza viril en otros ámbitos, "¡sexo y poder un solo corazón!" , pareciera ser un mandato social indiscutible. Encima, no les pasa como a las mujeres, que a determinada edad un cambio hormonal les apaga el deseo sexual, lo mantienen siempre ahí, más o menos fuerte...pero siempre vivo, aunque ocupando un espacio importante  en la mente.
Después de tantos siglos de represión sexual era lógico que el péndulo se fuera al otro extremo. Así la sexualidad, de la mano de Freud, pasó de ser el demonio que nos llevaba al Infierno post mortem, a una diosa a la que, si se la adorás, te aseguras el Paraíso aquí en la Tierra, léase la salud mental y sus magníficas consecuencias. 🙂 


Jung, ¡uno de mis pensadores favoritos!, creía otra cosa. Sostenía que para lograr la mejor versión de sí mismo se necesita desarrollar la espiritualidad. No la sexualidad.
Jung era discípulo de Freud, es decir que ambos pensamientos eran contemporáneos. Sin embargo, el que se quedó con el trono del gran maestro de la Psicología, fue Freud. Los parámetros que la sociedad ha adoptado más generalizadamente para medir su desarrollo personal y, sobre todo, sus relaciones de pareja desde  hace muchos años, son los de la teoría de nuestro querido y mundialmente famoso Sigmund. No la de Jung con su hermosa propuesta de la evolución humana. 😏
Para Freud, la raíz de nuestros problemas psicológicos se encuentra en un conflicto sexual que arrastramos desde el comienzo de nuestras vidas (el famoso complejo de Edipo),. La solución entonces estará en destrabarlo.
Desde esta base se entiende por qué en el planteo freudiano, una vida sexual bien intensa y disfrutada nos aseguraría un estado de bienestar muy completo. La contraparte de esto, es que, por el contrario, una sexualidad no vivida a pleno equivaldría  casi a un desastre, a un no desarrollo,  a una vida opaca y empobrecida. 
Que esta revalorización sexual era necesaria creo que no hay ninguna duda. Que se haya elegido la teoría freudiana como la más válida a nivel social y no la jungiana, por ejemplo, es entendible por esta deuda de tantos siglos de represión. Si hay algo que tenía clarísimo Freud -y por  eso fue desarrollando esta teoría- era el profundo daño que la represión sexual estaba causando en la sociedad europea de ese momento. 


Tremendas penurias, incluidas parálisis y graves trastornos físicos, -no solo demencias-, generó tanta opresión instalada desde una perspectiva religiosa. 
Como toda fuerza natural llevada a una represión insana, tenía que explotar. Es este movimiento pendular del que hablábamos: dadas ciertas leyes de mecánica que tiene este mundo en que vivimos, era previsible que de un extremo nos íbamos a ir al otro extremo.
¡Pero ya está! Esa explicación resulta válida para la realidad de la época de Freud. Hay que valorar que hizo explotar lo que tenía que explotar, cumplió su función de traer a la luz de la conciencia social a esas oscuras fuerzas del inconsciente. Pero ya cambiada la realidad a partir de estas ideas que se fueron revisando, hagámonos cargo de esta nueva realidad actual. ¡Ya pasaron muchos años! ¿No es hora ya de darle una vuelta de tuerca a este tema?


Si nos detenemos a observar, me parece obvio que esta sobrevaloración de la vida sexual trae acarreada un montón de cosas que no están buenas. Porque, como contrapartida, queda establecido que si no se tiene deseo sexual, si no se es deseada/o para un goce sexual, si la vida sexual, por lo que fuese, no es disfrutada al máximo, no se es una persona plena.  ¡Y eso es una presión pesada!
Esta corriente de pensamiento sobrecarga a las personas con un fuerte mandato: que si no viven "a full" su vida sexual hay algún problema.  La falta de sexo activo implicaría algunas fallas importantes que se verán reflejadas en distintos ámbitos de la vida, desde la salud corporal, el buen humor y, por supuesto, en la pareja. Que una pareja no cumpla con ciertos estándares de frecuencia sexual se lee como un indicativo de que algo anda muy mal y esto puede ser suficiente motivo para terminarla.


¡Peor se sobrecarga a los hombres! Ese mandato social de tener que ser un macho sexual, siempre potente....no sé, tal vez es porque soy mujer, ¡pero me parece que debe ser agotador!
Encima con ese riesgo, siempre posible, de no lograr "estar a la altura". No lograr la erección, la eyaculación, o que ésta sea precoz, son situaciones de un fracaso sexual que deja a los varones mas vulnerables.  A diferencia de las mujeres, ellos no pueden fingir, está todo ahí a la vista, al tener su sexo expuesto, el fracaso es una evidencia inocultable.. Y, sin duda este posible riesgo, en una sociedad en que el sexo es tan importante genera una angustia extra. 
Este pensamiento, que encuentra la raíz y también la solución de nuestros problemas sicológicos  en nuestra sexualidad, como dijimos, se ha convertido en el pensamiento hegemónico hace ya muchas décadas. Viene marcando el ritmo de las relaciones de pareja desde hace mucho. En relación a esto, pienso cuántas parejas se deben haber roto por estos deseos internos de satisfacer el propio deseo sexual. 


Dándole una máxima importancia al placer del sexo, tantas veces se dejan de lado otros placeres como el de una pareja en la que se puede confiar, o una familia en paz. 
Esta suprema importancia del goce de la vida sexual tiene muchas veces como consecuencia el rompimiento de valiosas relaciones, de pareja y de amistad, también el generar pesados arrepentimientos y angustias. ¡Sobran los ejemplos!


¡Tal vez ya va siendo hora de reordenar el valor de los placeres!
A mi manera de ver esta teoría si bien en su momento fue muy útil, hoy ya no cierra. 
La explicación teórica que da Freud me parece rebuscada y aleatoria, pero además en el plano de la experiencia se me hace evidente que no es cierta. A esta altura de tanto vivido, de tanto visto y oído, se me hace evidente que la sexualidad "a full" no nos asegura la salud ni mental ni emocional, ni la armonía en las relaciones de pareja.


Tanta obsesión por el disfrute sexual me parece que genera más angustia y desgaste, que auténtico placer y salud del cuerpo y de la conciencia.🤷
Tal vez en esta época de cambio de paradigmas ya va siendo hora de desendiosar a la sexualidad...y encontrarle un lindo lugar, ¡ni  más ni menos que el que se merece esta maravillosa fuerza que nos asegura que se mantengan las especies! 😍


Tal vez  también ya vaya siendo hora de que las corrientes de Psicología empiecen a navegar con mayor profundidad y frecuencia en áreas de Jung...Nuevos aires de espiritualidad pareciera que han empezado a soplar, y que la Humanidad ya está buscando un bienestar asociado mas con el alma y la luz de la conciencia y ya no tanto con el sexo...¡veremos que  prevalece!


- Si bien a esta conclusión llegué antes de que se me vaya la menstruación, ahora que ya se  me fue hace unos años, se me hace aún más obvia.
Con el cambio hormonal se pierde evidentemente el deseo sexual, al menos en una medida importante. Y se entra entonces en una nueva etapa de enorme placer. Como si esa famosa libido, ahora que ya no se nos va para lo sexual, se desparramase para otros lados. Se llega a un estado como semiorgásmico, a una capacidad de disfrute de múltiples y variadas cosas, a vibrar en una energía de íntimo placer, en la que el sexo no tiene nada qie ver ¡Es muy linda esta edad!
Agradezco en este momento de mi vida el no estar en pareja ¡por la fiaca que me daría tener que tener una vida sexual! Me encanta esta vida asexuada que me permite disfrutar de placeres diversos, muy luminosos ¡y muy mágicos! 


El placer asociado más como un estado de luz del alma, que como el placer sexual del cuerpo, es un modo que me encanta. Sin duda esta sensación personal que se suma a mi experiencia de casi sesenta años de vida, es la que me lleva a plantear esta posibilidad de que la sexualidad esté sobrevaluada.



Bibliografía recomendada:


- Freud, S., Tótem y Tabú, Alianza editorial, Madrid, 2001.

- Freud, S., El chiste y su relación con lo inconsciente, Una teoría sexual, Historia del movimiento psicoanalítico, Ediciones Porteñas, Buenos Aires, 1994.

- Fromm, E. Y seréis como dioses, Paidós Studio, Buenos Aires, 1987.

- Hobbes, T., Leviatán, Editorial Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2003.

- Jung, C. G., El secreto de la flor de oro, Paidós, Argentina, 2008.

- Jung, C., Lo inconsciente, Losada, Buenos Aires, 1998.

- Sagrada Biblia, Texto del Antiguo y Nuevo Testamento, Editorial Vosgos, S. A., Barcelona, 1974.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Medicina Vegetal. El poder medicinal de las plantas.

El Jabón purificador. La importancia de la limpieza.

Yoga